3 de junio. Reflexión.

5 de la mañana. Ojos como platos.
No sé si se puede llamar insomnio teniendo en cuenta lo que ha pasado en los días anteriores.
Sábado por la noche. Tras varios avisos de mi cuerpo para obligarme a tomar un descanso, decido cenar ligero e irme a dormir pronto, y tratar así de conseguir esa cura de sueño que llevo meses persiguiendo.

A media noche frío, tiritona y subida repentina de fiebre. Dolor de huesos o de articulaciones, incapaz de distinguirlo porque la sensación era como si se me hubieran pasado tres camiones por encima.

Tengo que contaros que hace siglos que no me pongo enferma, al menos con algo que me obligue a guardar cama (hasta la expresión me resulta extraña…). Catarros, dolores provocados por mi luxación de mandíbula, jaquecas, lo normal, pero nunca tanto como para no poder levantarme de la cama.
24 horas sin poner un pie en el suelo. Ni fuerzas para coger un libro o el ordenador. Un día en blanco para quien se dedica profesionalmente al mundo digital…

El lunes amanezco igual, pero con algo en mi cabeza:  Mi pequeñina, que hoy cumple 6 años, celebraba con sus amigas del cole su fiesta.

Un beso por la mañana de camino al cole y las palabras mágicas «Mami ponte buena que tienes que venir a mi fiesta»... y, como la Bella Durmiente, tras recibir el beso del príncipe azul, empiezo a notar cierta mejoría. Me quedo en casa todo el día, intentando levantarme de vez en cuando y saco todas las fuerzas del mundo para maquillarme, ponerme guapa e ir a tan ineludible cita.

Mamás blogueras
No solo fui, sino que me encontré fenomenal durante toda la fiesta y fue al llegar a casa cuando comencé a sentir frío y de repente, la fiebre comenzó a subir.
38. A la cama y a descansar.
Empiezo a confirmar mi sospecha de que el estado de ánimo es lo más importante.
Empiezo a pensar que es verdad que al ser madre una saca fuerzas de donde hagan falta para superar el virus (o allien…) más fuerte del mundo.
Empiezo a sospechar que los besos de mis niños tienen poderes especiales…

5 de la mañana. Ojos como platos.
La subida de la fiebre de ayer me impidió envolver los regalos de mi pequeñina.
Me lleno de energía, me levanto y les preparo el desayuno más delicioso del mundo mientras envuelvo los regalos.
Definitivamente hoy va a ser un buen día.
Definitivamente nada cura más que un beso de un niño.

Mamás blogueras

Felicidades mi pequeñina.