Lo confieso. Yo soy de esas.

Soy de esas que apura unos minutos más en la cama aunque ello suponga levantarse y correr por toda la casa sin poder para un momento a disfrutar del café.

Soy de esas que viste a los niños, les da el desayuno, prepara las mochilas que, aunque se lo prometió a sí misma, no dejó preparadas el día anterior, y que después de dejarlos repeinados se reserva tan solo cincuenta segundos para darse una ducha rápida, vestirse y salir de casa corriendo como si fuera a apagar un fuego en algún lugar del exterior.

Soy de esas que coge el neceser y se lo lleva al coche a la espera de que en un atasco pueda disimular la cara de sueño y llegar un poquito decente a la primera reunión de la mañana.

Y soy de esas que todo el mundo critica cuando le ven aplicándose una máscara de pestañas en un semáforo como si fuera el peor de los pecados… (porque uno puede tirar una colilla, hablar por el móvil mientras conduce o insultar a todos los conductores de la M-40 sin que a nadie le extrañe pero como te vean maquillarte en un semáforo, sabes que las críticas están garantizadas….).

Pero soy de esas y no me da vergüenza.
Quiero pensar que esto es una etapa de la vida y que cuando los niños crezcan y se vistan solos, desayunen solos y yo pueda dedicarme un poquito más de tiempo para mi, todo será más sencillo… y menos precipitado.

Hoy ha sido uno de esos días.

Pero hoy, en medio de ese torbellino «mañanero», he descubierto algo.
No se trata de una vacuna ni algo trascendental, no vayáis a creer, pero, una que se confiesa beauty adicta, se ha llevado una alegría tremenda ante el descubrimiento en cuestión.

Os pongo en antecedentes.
La semana pasada en mi sesión de maquillaje con Junior Cedeño, maquillador oficial de Dior, me quedé locamente enamorada de una barra de labios llamada Cinderella.

Se trataba, ya os lo conté, de una barra de labios rosa, bastante natural pero con unos pigmentos dorados preciosos.
Creo que iba a ser una de mis próximas compras.

Pero hoy el destino, o mejor dicho, un semáforo en rojo, hizo que mientras conducía intentara alcanzar, sin mirar, una de las barras de labios del neceser que llevo en el coche y saliera una que no recuerdo haber probado apenas: Color Riche de L´Oreal en tono #379 Sensual Rose.

Y creedme que me he quedado de piedra al comprobar el parecido con la barra de Dior.
Un rosa natural y con pigmentos dorados bastante parecidos.
No he tenido las dos barras juntas para comparar exhaustivamente, pero lo haré si tengo ocasión porque el parecido es asombroso.

Mientras tanto creo que me ahorraré la de Dior y guardaré con más cuidado la de L´Oreal porque el efecto es tan parecido que se va a convertir en la sustituta perfecta.