¿Rendirse? Jamás…

Me siento aquí un momento a descansar después de la limpieza general que me toca, los años que, como este, celebro la cena de Nochebuena y la comida de Navidad en casa con toda la familia.

Estoy feliz. Absolutamente feliz. Feliz de poder celebrar un año más estas fiestas con los míos. Suena a tópico (y seguramente lo sea) pero siempre me ha dado terror que un año faltemos alguno, y por ello, trato de disfrutar de cada momento.

Hace muchos años, perdí en un accidente de tráfico a un amigo cuando volvía a casa por Nochebuena.

Un choque demasiado fuerte con la realidad que me hizo valorar la vida y saber que esta puede desaparecer en un momento. Desde entonces, cada vez que llegan estas fechas doy las gracias por tener aquí a mi gente, a mi familia, a mis amigos y a vosotras que de alguna forma, sois mi otra familia, aunque estéis al otro lado de la pantalla.

Estoy contenta. Acabo un año que ha sido duro durísimo y con muchos momentos malos, pero que termina con buen sabor de boca.

Como hago siempre, trato de recordar solo las cosas buenas y este último trimestre ha tenido muchas. No os voy a repetir los viajes, las oportunidades que me ha dado este blog y mi otro blog, mi «ojito derecho» (Mi mamá tiene un blog) y que ya sabéis de sobra.

Este año además, se han cruzado en mi camino personas maravillosas que me han hecho, después de ciertos desencantos, volver a creer en que existen gente buena y generosa de verdad: Ana (por  enseñarme a ser un poquito menos blanda y prestarme tu frase «No existe la solución, porque no existe el problema«), Inma (por hacerme ver que el karma es algo más que una palabra tatuada), Marián (por hacerme sentir especial con cada comentario que me dejas), Katia (por todo, porque eres un «trocito de cielo»), María (por esas conversaciones y confidencias cada vez que nos vemos), Eva (por ponerme guapa por fuera y ver lo guapa que eres tú por dentro), Mª Jesús (por esa dulzura) y tantas otras… me siento afortunada de poder teneros a mi lado.

Y por supuesto mis amigas de siempre, las de todos los días, las que han sufrido mis penas, con las que he llorado de la risa y que han soportado a diario mi falta de tiempo hasta para contestar un whatssapp…
Ha sido un año difícil para todas. La palabra «cáncer» aparecía en nuestras vidas y ahora que la batalla está superada creo que estamos más unidas, y seguiremos celebrándolo nuestras reuniones de «amigas y burgers» en La Macchinetta.

Hemos sufrido también injusticias y problemas que afectaban a los que más queremos… hemos peleado con uñas y dientes y hemos tratado de verle el lado bueno… y ello me ha servido también, para descubrir que entre mis amigas hay mujeres maravillosas y muy fuertes. Me da tranquilidad teneros a mi lado.

Y no me olvido de ti, que leerás estas lineas desde la cama del hospital entre prueba y prueba y como siempre con una sonrisa. Tú también eres un ejemplo a seguir y todo acabará bien, porque nadie se lo merece más que tú. Recuerda que tenemos que vernos como cada año, el día de Reyes… así que ponte buenina pronto.

Creo que 2015 me ha hecho más fuerte. Mirando atrás me doy cuenta de cuantos problemas hemos tenido que superar, de todo tipo, de mayor o menor intensidad… pero hemos sabido tirar para adelante y vencer una vez más los miedos y las desilusiones. Y debemos sonreir por ello.

feliz navidad

Pero 2015 también me ha enseñado que si cierras los ojos y deseas algo con todas tus fuerzas, se acaba cumpliendo. Que por muy cansada que estés, por muchas ganas que tengas de venirte abajo y dejarte llevar, no hay que rendirse jamás. Porque, al final, todo acaba bien. Y si no, lo habrás intentado. Y eso te hará sentir bien.

A 2016 le pido que todo siga igual. Igual no, mejor. Porque hay que seguir superándose, hay que tratar de ser cada vez mejores. Mejores personas. Mejores amigas. Mejores madres. Mejores al fin y al cabo. Yo, al menos, lo seguiré intentando. Y seguiré tirando confetti por los aires cada vez que en esta familia necesitemos un poquito de suerte. Y seguiré dejándome la voz cantando y gritando en el coche con mis niños No Surrender, de Bruce Springsteen cada mañana, haciéndoles comprender que nunca hay que rendirse.

Porque de eso va la vida. De no rendirse jamás.
Feliz Navidad.