La Fashion Week que yo viví…

Me encanta Cibeles.
Pero me encanta de otra forma distinta a la que estáis acostumbrados a leer en los blogs de moda.

Me encanta por varios motivos.
El primero es porque, por segunda vez, he tenido el privilegio de vivirlo desde dentro como parte del jurado del Premio L´Oreal.
Entrar y salir en el backstage a nuestro antojo, descansar charlando con Modesto Lomba como si estuvieras en el salón de tu casa, que los propios diseñadores te enseñen sus prendas antes de desfilar, pintarte los labios en el baño junto a las modelos más guapas de la pasarela (bueno, esta parte acompleja un poco, pero tiene su encanto…) o vivir la locura de la sala de maquillaje y peluquería en primera persona.

Pasar una jornada completa de más de ocho horas con grandes profesionales como Paloma Tovar, Félix, Custodio o Andrés, y decidir con ellos quién será el ganador de los 6.000 euros que L´Oreal entrega a los diseñadores del EGO (en esta edición fue Moisés Nieto y por unanimidad).

Sentarte en primera fila y ver los diseños tan de cerca que podrías tocarlos, ver a grandes profesionales de la moda, o la comunicación y poder saber de primera mano lo que piensan, lo que les gusta y lo que no. Todo un lujo, ¿verdad?

Pero Cibeles me gusta también por lo que tiene de excéntrico y de irreal.
Me encanta asistir al desfile de personas que después de sacar las prendas más caóticas y llamativas del armario, y combinarlas con unos tacones imposibles, un moño que les haga 20cm más altas y un bolso de hace 25 años que encontraron en un mercadillo, saltan a la alfombra de Ifema como si de una pasarela se tratara.

Niñas que responden un «Encantadísima» cuando alguien que no conocen les pregunta si les pueden hacer una foto. Chicas que hacen cola durante 20 minutos para sacarse una foto en el photocall de cada marca o publicación y salir en Facebook
Besos que no rozan siquiera las mejillas y sirven para mirar de reojo se examina al milímetro el look de tu amigo o niñas que posan todas con la misma postura mientras su amiga les hace una foto que en tres minutos estará colgada en su muro.

Todo tiene su encanto y os garantizo que como bloggera de belleza y no de moda, es una experiencia única que merece la pena vivir y que espero, sin duda, repetir otro año.